Robinson Castillo

Comunicador Social-Periodista de la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla, con Maestría en Comunicación Política de la Universidad Externado de Colombia y Consultor internacional en Comunicación Parlamentaria. Columnista, escritor y convencido de la acción mediática reiterada, como método esencial del posicionamiento de marcas.

Robinson Castillo

La era de la opinión inmediata

Vivimos en tiempos donde la opinión inmediata domina el discurso público. Lo urgente ha desplazado la reflexión, y la precipitud por expresar lo que se piensa supera cualquier filtro de análisis. Todo esto es consecuencia de la hiperconectividad, un fenómeno que ha revolucionado la comunicación y ha convertido las redes sociales en un escenario donde se opina de todo, sin importar el conocimiento o la experiencia.

Hoy en día, más del 60% de la población mundial está conectada a plataformas digitales, lo que ha generado un espacio de interacción sin precedentes. Sin embargo, este vasto universo también ha permitido que las creencias individuales primen sobre los hechos objetivos. La opinión ha pasado de ser un ejercicio argumentativo a una simple expresión de impulsos y emociones, sin regulación ni responsabilidad.

La opinión inmediata ha redefinido la manera en que se construyen las tendencias y el debate público. La acumulación de puntos de vista, muchas veces sin sustento, puede generar movimientos de gran impacto, capaces de modificar decisiones políticas, empresariales y sociales. No obstante, la carencia de un consenso sólido hace que la polarización se intensifique, alejando a las sociedades de la posibilidad de acuerdos racionales.

El problema no radica solo en la rapidez con la que se emiten las opiniones, sino en la forma en que se presentan. Con demasiada frecuencia, el insulto y la descalificación sustituyen al argumento, erosionando la calidad del debate. La difamación, las calumnias y los ataques personales se han convertido en herramientas comunes dentro de esta era de la opinión inmediata, degradando el lenguaje y la convivencia.

El pensamiento crítico y la argumentación sólida han quedado relegados a una minoría. La construcción de ideas fundamentadas parece no generar el mismo interés que la acumulación de adjetivos agresivos, los cuales son premiados con aplausos digitales. Las redes sociales funcionan como cajas de resonancia donde las voces más estridentes logran mayor visibilidad, a pesar de su falta de sustento.

Esta radicalización se ha vuelto imparable. La verdad es atropellada en favor de narrativas simplistas y sensacionalistas. Con la llegada de la inteligencia artificial, la situación se vuelve más compleja, pues a la opinión descontrolada se suma la manipulación de imágenes, voces y videos, lo que dificulta aún más distinguir lo real de lo falso. La desinformación encuentra en la opinión inmediata un terreno fértil para expandirse sin freno.

La reflexión ha sido desplazada por la reacción instantánea. No se concede ni un segundo para analizar, contrastar o comprender antes de emitir un juicio. Pareciera que vivimos en una fobia colectiva a la duda, donde cualquier matiz es visto como debilidad y cualquier crítica se convierte en un ataque personal. Las emociones desbordadas guían la mayoría de las opiniones, muchas veces impregnadas de ira y resentimiento.

En este contexto, se hace urgente recuperar la serenidad en el debate público. La construcción de una sociedad más informada y equilibrada depende de la capacidad de reflexionar antes de opinar, de priorizar el análisis sobre la reacción impulsiva. Solo así podremos contrarrestar los efectos nocivos de la opinión inmediata y recuperar el valor del pensamiento crítico.

La era de la opinión inmediata ha llegado para quedarse, pero no estamos condenados a sus excesos. La responsabilidad individual y colectiva juega un papel clave en la construcción de un entorno digital más sano. Es momento de apostar por el debate fundamentado, el respeto a la diversidad de opiniones y la recuperación de la verdad como eje del conocimiento. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más justa y equilibrada.

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