El hábitat de los orangutanes en riesgo por deforestación

18 de agosto del 2019

En indonesia el habitat de estos animales está en peligro por la deforestación de su bosque

El hábitat de los orangutanes en riesgo por deforestación

Los hombres se acercaron a Hope y a su bebé con lanzas y armas de fuego. Pero ella no se iba. No tenía a dónde ir.
Cuando los perdigones del rifle penetraron los ojos de Hope, dejándola ciega, ella subió a tientas por los troncos de los árboles, buscando alguna fruta para alimentarse.

Al final, el torso de Hope presentaba laceraciones profundas. Tenía muchos huesos fracturados. En su cuerpo se alojaban 74 perdigones y le habían arrebatado a su bebé de unos cuantos meses.

Hope (Esperanza), que recibió ese nombre en un centro de rehabilitación, es una orangutana de Sumatra, un animal en grave peligro de extinción que los científicos advierten podría ser la primera especie de grandes simios en desaparecer. A medida que selvas y pantanos son arrasados para plantaciones de aceite de palma, los orangutanes, cuyo nombre en malayo significa “gente del bosque”, están perdiendo su hábitat.

En toda la isla de Sumatra, perteneciente a Indonesia, los paisajes carbonizados de tocones ennegrecidos de árboles y tierra chamuscada son un símbolo de la devastación provocada por los seres humanos.

“Desmontan 20 mil hectáreas y sólo queda un par de árboles y el orangután mira a su alrededor y dice: ‘¿Qué le pasó a mi bosque?’”, comentó Ian Singleton, director del Programa de Conservación del Orangután de Sumatra.

Indonesia y Malasia suministran al mundo más del 80 por ciento del aceite de palma que se usa en todo, desde biocombustible y aceite para cocinar, hasta lápiz labial y chocolate. En septiembre, entre preocupaciones por la reducción del hábitat para las especies en peligro de extinción y de las peligrosas emisiones de carbono derivadas por las quemas masivas, Indonesia dejó de otorgar nuevas licencias para las plantaciones de aceite de palma.

“Dicen que hay una moratoria, pero todos los días puedo ver con mis propios ojos que se pierde tierra”, comentó Krisna, uno de los coordinadores de la Unidad de Reacción al Conflicto entre el Hombre y los Orangutanes, un grupo con sede en Sumatra que ha rescatado a más de 170 orangutanes heridos desde el 2012 (al igual que muchos indonesios, Krisna utiliza un solo nombre).

Los orangutanes viven en dos islas, Borneo y Sumatra. De 1999 al 2015, la población de orangutanes en la isla de Borneo se redujo en más de 100 mil individuos, informaron investigadores. Quedan alrededor de 100 mil orangutanes en Borneo. En Sumatra, donde se ha perdido más de la mitad de la superficie forestal desde 1985, hoy suman menos de 14 mil orangutanes.

Debido a que las madres orangutanas dejan pasar tanto tiempo entre un alumbramiento y otro —dedican de ocho a nueve años a criar cada hijo— los científicos temen que la población esté en un espiral de decadencia.

Los orangutanes menos afortunados mueren en las quemas para desmontar las tierras. Los más afortunados terminan varados en pequeñas islas de árboles entre las palmas de aceite. Desesperados por comida, incursionan en áreas habitadas por humanos.

“Se comen algo de fruta y los matan”, señaló Singleton.

Cuando Hope apareció hace algunos meses en las afueras de la aldea de Bunga Tanjung en la provincia de Aceh de Sumatra, parte de la tierra aún estaba ardiendo. Filas ordenadas de plántulas de palmas de aceite se extendían hasta el horizonte. Confinada a una franja angosta de bosque secundario, Hope engullía frutas de los huertos de la aldea.

La mayoría de los residentes de Bunga Tanjung son migrantes económicos pobres, de otras partes de Indonesia, atraídos por la demanda de aceite de palma.

“Sin el aceite de palma no podemos sobrevivir”, comentó Sanita, Alcalde de un municipio de Bunga Tanjung.

Durante semanas, los aldeanos le dispararon a Hope, intentando asustarla para que se fuera. Pero Hope se quedó.

Hope era considerada una molestia de 45 kilos, pero su bebé encerraba promesa. Pese a que es ilegal vender especies en peligro de extinción, a menudo los bebés orangutanes son capturados para el comercio de especies, o para zoológicos que necesitan alguna atracción estelar.

Un bebé de ojos grandes con mechones de pelo color cobrizo puede ganar a los aldeanos unos 70 dólares, de acuerdo con ecologistas que han hecho un seguimiento del comercio de especies en peligro de extinción. Para cuando los simios se venden a zoológicos o a propietarios particulares, pueden valer 100 veces eso.

Los orangutanes adultos tienen menos valor en cautiverio. No son tan lindos. Son demasiado fuertes. Además, pocas personas tienen el tiempo y la energía para dedicarlos a criaturas tan inteligentes.

En marzo, un adolescente de Bunga Tanjung se encaminó hacia un grupo de árboles. Su objetivo era llegar hasta Hope y arrebatarle su bebé. A pesar de que los perdigones le habían quitado la vista, ella luchó para proteger a su cría y arañó los brazos del chico.

Sin embargo, al final el adolescente logró llevarse al bebé y lo guardó en una canasta afuera de su casa.
Para cuando los oficiales forestales se enteraron sobre la presencia de Hope y organizaron una operación de rescate, el bebé ya casi no reaccionaba, comentó Krisna.

Sanita, el Alcalde, presentó una versión diferente de los hechos. Mencionó que Hope sólo estuvo en la aldea un par de días, contradiciendo la evidencia de semanas de nidos de orangután construidos en los árboles cercanos. Nadie de su aldea le había disparado, señaló.

“No haríamos nada que dañara a los orangutanes”, afirmó.

Con Hope sedada en la parte trasera de un vehículo y el bebé nuevamente en sus brazos, Krisna se dirigió con rapidez al centro de rehabilitación de Singleton cerca de la ciudad de Medan, a diez horas de distancia.

El bebé murió en el camino.

Un cirujano suizo voló para operar a Hope, y ahora ella está en recuperación. Cerca de ella, orangutanes huérfanos gimen y chillan. Cuando Hope escucha a los bebés, se enrosca en posición fetal y grita.

En Bunga Tanjung, la sombra de Hope permanece. La policía ha interrogado al adolescente, pero por ser menor de edad no se sabe si será acusado. Ningún adulto se ha responsabilizado tampoco.

El adolescente ha renunciado a su sueño de convertirse en mecánico y ya casi no va a casa, de acuerdo con su padre, Aliong Sitepu. “Siempre está de mal humor”, comentó Aliong. “No sé cómo comunicarme con él”.

Aliong se pregunta si es momento de irse de ese lugar, donde la fruta de una palma africana no ha podido darle fortuna. Una bestia color naranja, señaló, ha sido la maldición de la familia.

“¿Es este un mundo justo en el que la vida de mi hijo vale menos que la de un orangután?”, preguntó.

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