Judith Gurewich, editora de la ‘vieja guardia’

12 de agosto del 2019

La directora de la editorial de Other Press. depende de su oído y su instinto.

Judith Gurewich, editora de la ‘vieja guardia’

Hay un cliché en la industria editorial de que “los editores ya no editan”. Tal vez eso sea una exageración, pero es poco probable que algún editor tenga un proceso tan íntimo como el que a menudo emplea Judith Gurewich, directora de la editorial Other Press.

Gurewich no es la directora editorial promedio. Creció en Bélgica y llegó a Estados Unidos con un título en Derecho. Obtuvo un doctorado en Sociología, al escribir una tesis sobre la obra del psicoanalista francés Jacques Lacan. Se convirtió en analista lacaniana y todavía ejerce de medio tiempo.

Gurewich es una conversadora energética, inquisitiva y vertiginosa. Durante un debate sobre los principios esotéricos de Lacan, fijó su mirada penetrante y dijo: “El corazón es el enemigo del cambio”.
El novelista británico Rupert Thomson la llamó “una inconformista absoluta, una fuerza de la naturaleza”.

Gurewich lleva su intensidad a su proceso singularmente auditivo para editar, al hospedar autores en su hogar, en Massachusetts, durante días enteros mientras ellos le leen sus manuscritos en voz alta.
“Pensé, ‘Oh, Dios, voy a ser prisionero de mi editora’”, dijo Michael Greenberg sobre la invitación. “Nunca me había topado con algo así”.

Greenberg trabajaba en “Hurry Down Sunshine”, unas memorias sobre el trastorno bipolar de su hija. Cuando comenzó a recitar en la mesa del comedor de Gurewich en el 2007, durante lo que resultarían ser cinco o seis horas diarias durante tres días, recuerda haber pensado que el proceso se sentía “un poco demente”.

“Judith diría, ‘algo no está bien allí’. Fruncía el rostro”, dijo Greenberg. Al principio, él se ponía a la defensiva cuando ella señalaba lo que escuchaba como problemas, y le decía que no sabía de lo que estaba hablando. “Pero ella nunca cedió”.

Gurewich describió sus interrupciones como reacciones físicas a la misma, o mayor, medida que las intelectuales.

“Cuando mi estómago interviene, detengo la lectura”, dijo. “Pregunto qué sucedió. Mi trabajo no es interpretar”. Enfatizó en repetidas ocasiones que no está ahí para ofrecer soluciones específicas, sino para identificar problemas.

De niña, Gurewich comenzó a narrar su propia vida en tercera persona. “No es porque soy inteligente” que el proceso de edición funciona, señaló. “Es porque soy increíblemente primitiva”. Mientras escucha a un autor leer un manuscrito, añadió, “olvido quién soy. Me pierdo en el texto”.

“Judith me hizo sentir tenso y relajado al mismo tiempo”, dijo Greenberg. “Y tanto la tensión como el relajamiento provenían de la calidad de su atención. La situación era de autoconfrontación, no de confrontación entre nosotros. Tenías que enfrentar las cosas de la forma en que lo harías con un analista. Ella te daba la pauta”.

El resto de la visita está llena de amenidades. “Eres acogido con la hospitalidad más maravillosa”, dijo Greenberg. “Eres arropado en su vida familiar y su vida social. Hay una cena todas las noches”
Thomson, el novelista, dijo que lee lo que escribe en voz alta cuando está solo, pero que leerle a Gurewich es una “versión mucho más pura y rigurosa de ese proceso”. Dijo que queda “ligeramente perplejo” cuando intenta nombrar la diferencia, pero puede sentirla.

“Hay incluso menos espacio para engañarte a ti mismo si hay dos personas en la habitación”, dijo. “Quizás no hay ningún espacio”.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO