Si hay vida en Llullaillaco también podría haberla en Marte

20 de agosto del 2019

Análisis del volcán chileno confirmaron manchas rojas que no son otras cosa que algas de nieve.

Si hay vida en Llullaillaco también podría haberla en Marte

En el Desierto de Atacama, en Chile, el volcán Llullaillaco es Marte en la Tierra, o lo más parecido al planeta rojo. A 6mil 700 metros sobre el nivel del mar, es el segundo volcán activo a mayor altitud del mundo. La mayor parte de la montaña es un paisaje árido y rojo de rocas y polvo volcánicos, con aire seco y enrarecido, luz solar intensa y vientos arrachados.

Mientras que el suelo se puede calentar hasta 32 grados centígrados, la temperatura del aire rara vez está por encima del punto de congelación.

Ocasionalmente, la nieve se puede acumular en bancos donde el viento la deposita, que luego se derrite en agujas heladas de casi 5 metros. Los españoles las llamaban penitentes porque lucen como monjes encapuchados haciendo penitencia.

Estas condiciones en lo alto del volcán lo hacían parecer carente de vida. Sin embargo, un equipo liderado por Steven K. Schmidt, microbiólogo en la Universidad de Colorado, ha descubierto microbios que viven dentro y alrededor de las penitentes a casi 5 mil 300 metros sobre el nivel del mar, alrededor de 300 metros más arriba del punto en que deja de existir la vegetación en el volcán Llullaillaco.

Schmidt pensó que el volcán podría ser un lugar ideal para estudiar los límites de la vida en la Tierra cuando se enteró que tres momias de 500 años desenterradas allí en 1999 estaban perfectamente preservadas sin agentes de embalsamamiento. La falta de descomposición indica que las condiciones en las profundidades debajo del suelo del volcán eran demasiado frías y secas para que funcionara cualquier forma de vida.

¿Y cerca de la superficie, donde varían las condiciones ambientales?

Schmidt sabía que los microbios habían sido hallados en la tefra superficial, o tierra volcánica. Pero poco se sabía respecto a las cimas o las penitentes. En marzo de 2016, el equipo anticipaba recolectar muestras de tierra de la cima, pero el mal tiempo los llevó a explorar los campos de penitentes. Estos se hallaban a mucha mayor altura de la que parecía que podía persistir la vida.

Cuando alguien notó nieve roja en la base de algunas penitentes, se preguntaron si podía tratarse de nieve de sandía, una alga descubierta en entornos helados.

Los científicos creen que las penitentes son resultado de una mezcla inusual de condiciones, involucrando viento, fluctuaciones en temperatura y los rayos ultravioletas del sol.

Análisis confirmaron que las manchas rojas eran algas de nieve.

“Vemos a las penitentes como un oasis en este paisaje árido”, dijo Schmidtt, ofreciendo agua y protección a microbios portados por el aire que probablemente estaban inactivos antes de que el agua los reanimara.

Y como las penitentes también se encuentran en Plutón y Europa, uno de los satélites de Júpiter, una mirada más profunda podría señalar el camino para descubrir oasis con vida también en otros mundos.

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