El contradictorio mundo de Donald Trump

4 de septiembre del 2019

En semanas recientes, ha dado marcha atrás tantas veces que podría ser difícil de distinguir.

El contradictorio mundo de Donald Trump

¿Recuerda cuando el Presidente chino Xi Jinping era el “enemigo”? Eso fue el 23 de agosto. Tres días después, según el Presidente Donald J. Trump, Xi “era un gran líder” y un “hombre brillante”.

Trump pasó el fin de semana de la cumbre del G7 en Francia insistiendo en que no iba a debatir con otros líderes mundiales, pero a veces pareció que estaba debatiendo consigo mismo.

De un día para otro, e incluso con el paso de las horas, su enfoque respecto a la guerra comercial con China, el conflicto económico más relevante del planeta, viró bruscamente, dejando a gran parte del mundo con un latigazo cervical geopolítico.

Si parecía estar cambiando de opinión constantemente, dejó en claro el 26 de agosto, mientras concluía días de diplomacia, que el mundo simplemente tendría que acostumbrarse a ello. Le gusta dejar desconcertados a socios de negociación, adversarios, observadores e incluso aliados.

Su manera de negociar a veces implica datos que podrían no ser veraces, declaraciones que podrían no haber sido expresadas y episodios que podrían no haber ocurrido. Y en ocasiones, se desdijo.

“¡Lo siento!”, declaró a reporteros, sonando nada arrepentido. “Es mi manera de negociar. Me ha funcionado muy bien con los años, y está funcionando aún mejor para el país”.

Sin embargo, incluso a algunos veteranos de las políticas que por lo general apoyan al Presidente les parece que su estrategia dispersa es disuasiva y contraproducente.

“Ocultar bien tus cartas y dejar a tus adversarios adivinando puede tener sus virtudes, pero el problema con el modelo de Trump es que lleva esas tácticas al extremo”, dijo Michael Doran, un investigador en el conservador Instituto Hudson. “Nunca sabes cuándo creerle”.

Doran y otros lo atribuyen al historial de Trump en los bienes raíces, donde las negociaciones pueden estar llenas de blofeo o intimidación sin muchas consecuencias más que para los jugadores inmediatos.

“Cuando eres un operador solitario negociando contratos inmobiliarios, lo único que importa es cerrar y firmar el trato”, dijo Doran. “En la política y en la diplomacia hay muchas cosas importantes que nunca ves en el trato formal”. La credibilidad, entre otras.

Trump, quien en los negocios a veces personificó a su propio vocero, tiene una manera de poner palabras en la boca de otros líderes de una manera que sirve sus intereses y que parece sonar más parecido a él que a ellos.

“La pregunta que hoy más me hacen otros líderes mundiales, quienes creen que le está yendo muy bien a Estados Unidos y que es más fuerte que nunca, es, ‘señor Presidente, ¿por qué los medios estadounidenses odian tanto a su país? ¿Por qué desean que fracase?’”, escribió en Twitter el 25 de agosto.

Ningún líder expresó nada de eso en público, aunque sería imposible saber con certeza qué se dijo en privado.

Trump tiene una manera de simplemente decir cualquier cosa que se le venga a la mente. En cierto momento, señaló que podría dar a conocer su propuesta de paz para Medio Oriente antes de las elecciones en Israel este mes, contrario al plan de la Casa Blanca. Eso generó de inmediato encabezados noticiosos en Israel, aunque parecía haber sido más bien una declaración casual.

O tal vez no.

En semanas recientes, ha dado marcha atrás tantas veces que podría ser difícil de distinguir. Cambió de postura respecto a nuevos recortes fiscales y una revisión más estricta de antecedentes para la compra de armas. Negó que un viaje planeado a Dinamarca fuera para ir en pos de su ambición de comprar Groenlandia, y luego, cuando la Primera Ministra dijo que no estaba a la venta, Trump canceló el viaje.

En parte, las diversas contradicciones de Trump se deben al hecho de que es mucho más abierto y mucho menos cauteloso con los medios noticiosos que sus antecesores modernos. Tan sólo el 26 de agosto, respondió preguntas de reporteros en cuatro ocasiones distintas.

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