Los lugares más fríos del planeta se están derritiendo

16 de agosto del 2019

El calentamiento global está descongelando el Ártico y causando estragos ambientales.

Los lugares más fríos del planeta se están derritiendo

El asistente de laboratorio sacó del congelador un objeto en una bolsa de plástico raída, retiró su envoltura enlodada y la colocó sobre una mesa de madera. Era la cabeza cercenada de un lobo.

El animal, de pelaje manchado y pelando los dientes, parecía estar listo para embestir. Pero había estado gruñendo durante unos 32 mil años, preservado en el permafrost, unos 20 metros bajo tierra en Yakutia, en el noreste de Siberia.

Al tiempo que el Ártico, incluida gran parte de Siberia, se calienta al menos el doble de rápido que el resto del mundo, el permafrost, suelo congelado permanentemente, se está derritiendo.

Rarezas como la cabeza de lobo han estado surgiendo con mayor frecuencia en una tierra ya conocida por escupir mamuts lanudos congelados enteros.

El deshielo del permafrost, junto con otros cambios detonados por el calentamiento global, está transformando esta región extremadamente remota, a veces llamada el Reino de Invierno. Es uno de los lugares poblados más fríos del planeta, y es enorme; Yakutia, si fuera independiente, sería el octavo país más grande del mundo.

La pérdida de permafrost deforma el paisaje en sí, derribando casas y graneros. Están cambiando los patrones migratorios de animales que tienen siglos de ser cazados, e inundaciones severas causan estragos casi todas las primaveras.

El agua, que arrasa con caminos de terracería ya limitados y remueve cuerpos de sus tumbas, amenaza aldeas enteras con inundación permanente. Las olas le comen a la costa ártica menos congelada.

Los pueblos indígenas están más amenazados que nunca. Se sienten indefensos e inestables.

“Todo está cambiando, la gente está tratando de averiguar cómo adaptarse”, comentó Afanasiy V. Kudrin, de 63 años, un granjero en Nalimsk, una aldea de 525 habitantes por arriba del Círculo Ártico.

El cambio climático es un fenómeno global, pero los cambios son particularmente pronunciados en Rusia, donde el permafrost cubre unas dos terceras partes del País a una profundidad de hasta kilómetro y medio.

“La gente no comprende la magnitud de este cambio, y nuestro Gobierno ni siquiera está pensando en ello”, dijo Aleksandr N. Fedorov, subdirector del Instituto Melnikov de Permafrost, un grupo de investigación en Yakutsk, la Capital regional.

En Yakutia, que ocupa casi 20 por ciento del área terrestre de Rusia, las distancias son enormes y el transporte es limitado. La población es de poco menos de un millón de habitantes.

En el noreste lejano, el distrito de Srednekolymsk, que yace completamente arriba del Círculo Ártico, es ligeramente más pequeño que Grecia. Sólo 8 mil residentes viven en 10 aldeas, entre ellos 3 mil 500 en la Capital, también llamada Srednekolymsk.

En Srednekolymsk, el verano solía durar del 1 de junio al 1 de septiembre, pero ahora se extiende un par de semanas más al inicio y al final. El termómetro en enero oscila alrededor de los 46 grados centígrados bajo cero, en vez de 59 grados bajo cero.

En un patrón regional, la temperatura promedio anual en Yakutsk se ha elevado de 10 grados bajo cero a 7.5 grados bajo cero en el curso de varias décadas, señaló Fedorov.

Los inviernos más cálidos y los veranos más extensos están derritiendo persistentemente el suelo congelado que cubre 90 por ciento de Yakutia.

El deshielo del permafrost, y la mayor precipitación, han vuelto más húmeda la tierra. La nieve y la lluvia forman una capa aislante que acelera el derretimiento subterráneo. El agua que se acumula detrás de los témpanos de hielo ahora ocasiona severas inundaciones prácticamente cada mayo.

En otros puntos han cambiado las rutas migratorias de los renos silvestres, mientras que insectos y plantas desconocidos habitan los bosques.

Los cazadores en Nalimsk, 18 kilómetros al norte de Srednekolymsk, alguna vez almacenaban el resultado de su caza y pesca en una cueva de 7 metros cavada en el permafrost, una especie de congelador natural. Ahora, la carne se descompone.

La aldea de Beryozovka tiene una década de inundarse prácticamente cada primavera, con sus 300 residentes forzados a usar lanchas para realizar mandados. Beryozovka tiene la única concentración de evenis, una de las diversas tribus indígenas decrecientes.

El Gobierno en el Moscú distante es un concepto abstracto. Los aldeanos en gran medida están solos.

Incluso los grupos operados por el Estado, como el instituto de permafrost, carecen de los medios necesarios para evaluar el grado total de la pérdida de permafrost. Tampoco pueden medir otros efectos secundarios, como cuánto metano generan los microbios en la tierra recién descongelada, exacerbando el calentamiento global.

A medida que se derrite el permafrost, se hunde parte del suelo, transformando el terreno en una pista de obstáculos de montículos y cráteres, llamado termokarst. Se puede hundir para convertirse en pantanos, luego lagos. Arar o pastar se vuelve imposible.

Por todo Yakutia, los granjeros han reemplazado decenas de miles de vacas con caballos nativos. Los caballos consumen menos paja, pero dan menos leche y el mercado para su carne es limitado. Van desapareciendo cuando sus pezuñas no pueden penetrar la nieve y el hielo más gruesos para ir en busca de comida.

Nikolai S. Makarkov, de 62 años, está construyendo una casa nueva. Se hartó de apuntalar su vieja casa, que se hundió cuatro veces.

Hace años, la carretera de la aldea era recta, bordeada de cabañas de madera. Ahora, el camino lodoso y lleno de baches a duras penas parece un camino. Casas abandonadas se inclinan en ángulos extraños.

“Bien podría haber habido una guerra aquí”, dijo Makarkov, cuya casa nueva se alza sobre postes hundidos casi 5 metros en el suelo, donde aún hay permafrost. “Pronto, no quedará tierra plana en esta aldea. Sólo me quedan entre 30 y 40 años de vida, así que, con suerte, mi casa nueva durará ese tiempo”.

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