“IT, Capítulo Dos”: Una reseña

11 de septiembre del 2019

Por: Carlos Yaya.

“IT, Capítulo Dos”: Una reseña

La mitad final de la adaptación de “IT” de Stephen King está aquí y los resultados son frustrantes y, al mismo tiempo, profundamente conmovedores. El director Andy Muschetti se pasa de creativo cuando construye excelentes viñetas de fantasía, pero al abundar estos momentos, el filme termina abusando de nuestra paciencia durante tres horas. Si bien Pennywise, el payaso bailarín, pierde todo potencial al carecer de la sutilidad necesaria para causar suspenso, la película logra justificar su existencia cuando nos recuerda que no proteger nuestra memoria coloca en riesgo nuestra identidad. 

Derry, el pueblito donde sucedieron los eventos del primer filme, no ha cambiado en absoluto. Los niños siguen desapareciendo y los habitantes de este pueblo ignoran todavía las vidas sacrificadas ante el racismo, la homofobia y el fanatismo. Tal negligencia siempre ha sido la razón del regreso de “Eso”, quien puede libremente secuestrar y devorar inocentes porque ninguna persona va a hacer algo al respeto. 

Nadie tan aprovechado como este demonio, una criatura muy consciente de lo dispuestos que estamos los humanos a olvidar todo lo que duele recordar, incluyendo el amor que hemos recibido. 

Cuando la película inicia, el cambiaformas ambiciona aniquilar para siempre al “Club de Perdedores”, esos niños que le vencieron 27 años atrás. En esta ocasión, “Eso” lleva la ventaja: la pandilla ha sido separada por los años y no recuerdan la valentía que evidenciaron en su primera gran batalla, o la fortaleza del vínculo que tenían entre sí. Son adultos que prefieren omitir el recuerdo de un verano en el que hicieron un hogar a partir de su amistad, y olvidar todo el trauma que vivieron y sus consecuencias, en vez de confrontar su pasado y ponerle nombre a sus miedos. 

Cada miembro de los Perdedores se ha casado y es prospero en sus negocios, pero haberse obligado a olvidar su pasado tan desesperadamente resulta demostrando, debido al regreso de “Eso”, que en realidad siguen siendo los mismos niños: Beverly está dispuesta a ser abusada por una figura autoritaria masculina; Bill vuelve a ser un tartamudo lleno de culpa por la muerte de su hermano; Eddie sigue siendo hipocondriaco y atado a una mujer tan dominante como su madre, etc. No obstante, las circunstancias los empujan a regresar a Derry para buscar elementos de su infancia que les permitan recuperar su inocencia y su capacidad para creer en si mismos, y derrotar a Pennywise. 

Más allá de lo repetitiva que puede ser “Capítulo Dos” para lanzar a sus personajes en un viaje de autodescubrimiento, la película logra entregar una moraleja aun más ambiciosa: no es suficiente con enfrentarnos a nosotros mismos buscando recuperar lo que ya está perdido, debemos darle nombre a la oscuridad que cargamos. No basta con sentirse valiente ante “Eso”, debemos dejar de llamarle así y llamarle por su nombre. Este cambiaformas solo se configura a sí mismo en la imagen de palabras que son exageradas por nosotros mismos. “El devorador de universos” grita Eso para adrementar a un grupo de adultos encogidos por el pasado; el poder de sus palabras siendo suficiente para destruir cualquier valor en ellos. Eventualmente, estos viejos recuerdan que alguna vez fueron niños y amigos, “perdedores” que entendieron que pueden destruir a cualquier abusador dandole una cucharada de su propia medicina, haciéndole sentir más pequeño de lo que de verdad es, convenciéndole que sus herramientas son patéticas, que no dan miedo y que carecen de todo significado. 

Aunque “IT: Capítulo 2” exagera las herramientas del cine de terror y termina siendo un asunto inofensivo por ello, los temas tratados en el filme hacen justicia al espíritu de la novela de Stephen King. La historia invita a no olvidar o desligarnos de esas personas que tanto amamos, a pesar de radicales circunstancias como la distancia y el tiempo, pues son esos amigos los que nos permiten ver a criaturas interdimensionales ansiosas de sangre como de verdad son: unos payasos. 

Carlos J. Yaya
Twitter: @CJ_Yaya
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