La obra de un cinéfilo: diez años de “Bastardos Sin Gloria”

7 de agosto del 2019

Opinión de Carlos Yaya.

La obra de un cinéfilo: diez años de “Bastardos Sin Gloria”

Bastardos sin gloria / Captura de Vídeo

El trabajo de Quentin Tarantino ha sido acusado de plagio. Si bien es notable cómo en sus películas persisten referencias a otros cineastas, Tarantino es abierto con ello: “Yo robo de toda película. Me gusta tomar de aquí y allá y mezclar”. Entonces, es claro que Tarantino más que un cineasta, es un sentido cinéfilo.

Este mes, se celebra el décimo aniversario de su sexto filme, “Bastardos Sin Gloria” (“Inglourious Basterds”). Por ello, me gustaría destacar cómo esta cinta es una carta de amor al cine y una advertencia sobre sus peligros.

Sin tener el rigor histórico y emocional de Spielberg en “La lista de Schindler” y “Rescatando al Soldado Ryan”, “Bastardos” hace un radical revisionismo que, con la estética narrativa y sonora de un western, cuestiona el papel del cine como antídoto y promotor del fascismo. Por otro lado, sus héroes no se enfrentan contra el Tercer Reich en grandes batallas sino en ambientes característicos de la obra de QT: secuencias llenas de diálogo en la que profesionales, asesinos y cineastas, referencian películas y terminan matándose entre sí cuando su cultura popular les falla.

Con estos recursos, QT se toma suficiente licencia histórica para concluir que la maquinaria que llevó al Tercer Reich a ser una potencia ideológica fue la Industria del Cine. Tarantino referencia la influencia del trabajo de la directora Leni Riefenstahl para justificar el nazismo ante la sociedad alemana, presentando soldados alemanes convencidos de su fidelidad ante la esvástica, y que reproducen un lenguaje de fanatismo político, racismo y xenofobia.

Bastardos sin gloria / Captura de Vídeo

Una de sus personajes principales, se ve afectada por esto. Shosanna Dreyfus, judía fugitiva y dueña de un cine en el Paris invadido, expresa su desagrado ante la propaganda que le obligan a presentar en su establecimiento. Tarantino motiva este personaje con su pasado y le permite tener al cine como herramienta para su venganza. Si bien el cine cementó el legado y el poderío nazi, Shosanna piensa acabar a los altos mandos nazis al incinerarlos durante el estreno de una obra nacionalista.

Al mismo tiempo, los “Bastardos”, una pequeña guerrilla compuesta por judíos americanos busca intimidar al enemigo enfrentándole con los símbolos promocionados por su propaganda. Este escuadrón ataca a todo nazi que se les cruce, dejando siempre un sobreviviente con la esvástica marcada en su frente. A su lucha se suma un espía inglés aparentemente experto en el idioma alemán por su trabajo como crítico del cine de este país. Cuando el pobre criterio lingüístico de este teniente resulta comprometer una misión de vital importancia, los “Bastardos” tienen que reemplazarlo en sus funciones. Tarantino utiliza esto como una oportunidad para criticar la industria cinematográfica de su país. Debido a las representaciones estereotipadas de otras nacionalidades en el cine y su falta de conocimiento de un idioma diferente al inglés, los “Bastardos” resultan en una posición de vulnerabilidad ante un adversario culturalmente mejor informado: el coronel Hans Landa.

En una historia donde los personajes pretenden ser otras personas, Landa es capaz de destruir cualquier disfraz. El actor Christoph Waltz hace relucir el superpoder de este detective al usar con maestría los idiomas alemán, francés e inglés para jugar con sus presas una vez las descubre. Al descubrir a los“Bastardos” haciéndose pasar por italianos, este peligroso poliglota no los ordena arrestar, se deleita torturándolos por su falta de conocimiento de un segundo idioma.

Finalmente, descubrimos que Hans Landa es una criatura astuta cuya lealtad no reside en la ideología perpetuada por la propaganda, sino en su propia conveniencia. Al entender que aliarse con los “Bastardos” es más práctico que asesinarlos, decide encantar a sus adversarios con frases populares gringas para luego entregarse y venderse como el valiente desertor que terminó la Segunda Guerra Mundial. Menos mal, para el deleite de una audiencia hambrienta de la justicia más violenta, los “Bastardos” le tratan como un superviviente más.

Incluso si “Bastardos Sin Gloria” tiene un argumento limitado y ninguno de sus personajes parece crecer dentro de las convenciones de un “viaje del héroe”, se destaca como cualquier obra de Tarantino por su poder de referenciación: varias obras cinematográficas son citadas a pesar de no tener relación con la época tratada en el filme. Esto con el fin de llegar a conclusiones mayores sobre la importancia de la cultura popular en la construcción de imaginarios colectivos de entretenimiento y conciencia política.

Carlos J. Yaya

Twitter: @CJ_Yaya

Facebook: https://www.facebook.com/ElCinematografo2016

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