Empatizando con el adversario: “La vida de los otros” 

31 de julio del 2019

Opinión de Carlos Yaya

Empatizando con el adversario: “La vida de los otros” 

El revolucionario del presente puede convertirse en el conservador radical del futuro. Cuando un punto de vista nuevo se adhiere a un poder nacional, es casi imposible restaurarlo ante nuevas dificultades pues los ponentes de estas ideas buscarán mantener su planteamiento original sin escuchar nuevas premisas y oposiciones, así evitando la renovación de la democracia. 

La cinta “La vida de los otros”, ambientada en Alemania durante la Guerra Fría, dramatiza el sostenimiento del régimen socialista en el eje Oriental. Aquí la lucha de los dirigentes por conservar el status quo establecido resultó en esfuerzos contradictorios pues el mantenimiento del capital estructural e ideológico implicó la violación de derechos fundamentales de la ciudadanía y la utilización del poder para fines personales. Por otro lado, la ciudadanía vivía en completa paranoia pues, a pesar de su inocencia, podían ser catalogados como traidores en cualquier momento. 

En este contexto, Wiesler, un agente especializado en la interceptación telefónica y la invasión a los hogares de sospechosos disidentes, es encomendado con la tarea de intervenir la casa de un artista porque es esperado que este sea un peligro para la seguridad del país. Wiesler, interpretado por un inolvidable Ulrich Müher, es el hombre perfecto para el trabajo: un intimidante robot seguro de sus convicciones. Sus ojos parecen impíos e implican su lealtad al régimen. Cuando este personaje inicia su labor notamos que, a pesar de ser un miembro apreciado por el partido, su carrera ha sido impulsada por el deseo de avanzar en una pirámide, llevándole a ser una persona solitaria y desprovista de solidaridad. 

Eventualmente, Wiesler se entera que su trabajo fue ordenado por un dirigente que busca arruinar al artista para arrebatarle su esposa como trofeo. Siendo testigo de este abuso de poder, Wiesler cambia de actitud y su incipiente curiosidad por la relación de esta pareja desencadena empatía en él, incluso cuando considera criminales las acciones del artista. En efecto, los ojos de Mühe pierden esa expresión tan inhumana cuando su personaje entiende que el régimen que tanto ha defendido debe ser cuestionado, volviéndose más permisivo con su objetivo pese a continuar interviniendo en su vida. Finalmente, Wiesler entiende que su preocupación por esta familia le permite conocerse a sí mismo. 

“La vida de los otros” no solo funciona por la extraordinaria interpretación de Ulrich Mühe, sino por la calmada pasión del trabajo del director-escritor Florian Henckel von Donnersmarck. Su historia relata el camino hacia la solidaridad de un fanático político, mientras promueve la importancia de un arte crítico, partiendo 

del renovado punto de vista de un gobiernista. En cuanto a lo técnico, mediante escenarios amplios y una dirección de fotografía llena de intención, von Donnersmarck encuentra esperanza en ambientes llenos de opresión realizando una historia que, a pesar de su impresionante complejidad emocional, conmueve al invitar un continuo cuestionamiento sobre cómo nuestros fanatismos nos impiden sentir empatía. 

Carlos J. Yaya

Twitter: @CJ_Yaya

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