Crónica del Imperio del Centro (20)

6 de agosto del 2019

Opinión de Juan Restrepo

Crónica del Imperio del Centro (20)

Wounded female bystander, shot by PLA soldiers at the edge of Tiananmen Square, June 5, 1989. © Charlie Cole

Después de salir de la plaza, los estudiantes que ocuparon Tiananmen tomaron aquel domingo de junio la avenida Qiamen en dirección al occidente de la ciudad; encaminándose luego rumbo al norte, hacia los campus universitarios. Mis compañeros, José Luis Márquez y Fermín Rodríguez, los grabaron y acompañaron un buen trecho de aquella marcha. Al fondo del segundo y tercer fotograma, se ve la silueta de la Puerta Qiamen

Yo, tras dejar a mi derecha la Puerta Qianmen, bajé unas manzanas hasta el hutong del mismo nombre adonde había dejado a nuestro conductor. El hombre permaneció allí desde poco después las cuatro de la madrugada en una de las laberínticas calles del viejo barrio. Todos estos años he recordado con gratitud aquel eficaz y valiente taxista pequinés que nos llevó hasta la plaza.

Días después supe que había sido contratado por la cadena norteamericana ABC. No tuve la precaución de tomar su nombre o grabar su testimonio y siempre lo he sentido; pero en la cadena norteamericana, más ordenados y rigurosos que nosotros entonces, seguramente reposarán sus señas en algún archivo de aquellos días. Con él regresé cerca de las ocho de la mañana al hotel Great Wall Sheraton.

Márquez y Fermín continuaron grabando la marcha de los estudiantes, que fueron auxiliados por los vecinos con ropa, agua y comida. En algún caso, atendidos por médicos.

La gente de aquel sector de la capital se detenía a verlos desfilar. Los miraban desde azoteas, ventanas y balcones, y hubo incluso quien se atrevió a darles gritos de apoyo y a aplaudirlos. Unos, que habían perdido el calzado al salir de la plaza y habían desfilado con los pies envueltos en pañuelos y trozos de tela, recibieron zapatos de los vecinos que se acercan a ayudarles.

A medida que la marcha avanzaba, continuaban las muestras de apoyo y cariño de los vecinos hacia los estudiantes. El desfile era muy similar a los que habían protagonizado durante más de un mes por las calles de Pekín. Nadie diría que la noche anterior había sido trágica en las calles del centro de la capital china, con muertos y heridos que a aquella hora abarrotaban los hospitales de la ciudad. Era como volver al guion de los días anteriores.

 En el recorrido encontraron vestigios de las protestas callejeras de las horas previas. Aún no se habían extinguido las llamas de autobuses quemados por los manifestantes.

No eran siquiera las ocho de la mañana. Changan, la gran avenida que atraviesa la ciudad de oriente a occidente y conduce a Tiananmen, quedaba entonces a la derecha del sentido de la marcha. Pero el cruce de las dos vías, Changan y Beixinjua, estaba bloqueado por tanques de combate. ¿Qué ocurrió allí, cerca de la sala de la Ópera de Pekín y no lejos de Zhongnanhai? No está claro. Siempre he pensado que algunos estudiantes intentaron dirigirse de nuevo a la plaza, otros hablan de que aquello era una trampa. El hecho es que ahí se produjo la tragedia.

Comoquiera que sea, la marcha se rompió, y de repente hubo disparos, gritos, carreras, pánico. La calle se inundó de gases lacrimógenos y todos corrieron a buscar el primer refugio que encontraron a mano. Márquez y Fermín se refugiaron en un callejón del hutong Dongrongxian con un pequeño grupo de estudiantes congestionados por el efecto de los gases. Los vecinos les ayudan con agua y un método casero para contrarrestar el ardor producido por los gases lacrimógenos: dientes de ajo envueltos en algodón.

Cuando mis compañeros salieron del callejón, encontraron un paisaje desolador. Estudiantes que se abrazan ahogados por el llanto, se oía el ulular de las ambulancias como la noche anterior, y había gente que no podía respirar por el efecto de los gases y huyendo desordenadamente.

Algunos necesitaron ser llevados a un centro médico. Como en días anteriores, la solidaridad del pueblo de Pekín se manifestó y apareció quien estaba dispuesto a trasladar heridos o afectados de alguna forma por la confrontación con el ejército a centros médicos y hospitales.

Mucha gente huía, el cámara y su ayudante tuvieron que refugiarse de nuevo en un callejón vecino del hutong Dongrongxian y desde allí grabaron el paso de las ambulancias que venían desde Changan a gran velocidad con luces de advertencia y haciendo sonar la sirena. Muchos huyeron del lugar como pudieron.

Hasta que se vio aparecer en una esquina la razón de las carreras y el pánico que reinaba en el lugar. Obsérvese estos dos fotogramas sacados de momentos diferentes de la grabación en el mismo lugar.

Entre los dos hay aproximadamente una hora de diferencia. En el primero, los estudiantes han llegado hasta el cruce de calles en donde fueron quemados dos autobuses. Una hora más tarde, puede verse que la misma esquina está despejada de restos calcinados de los vehículos y ocupada ahora por los tanques, que han avanzado desde el frente de la vecina Ciudad Prohibida por Changan hasta Beixinjua.

En estas vecindades, pues, entre las siete y treinta y las ocho de la mañana del domingo 4 de junio, murieron o fueron heridas un número no determinado de personas, fundamentalmente estudiantes.

Allí permanecieron los tanques toda la mañana y los vecinos del lugar, como puede verse en estos fotogramas, se movilizaban y evolucionaban entre aquellos carros de combate desafiantes y temerarios. Estas fueron las últimas imágenes que el equipo de Televisión Española grabó aquel domingo en las calles de Pekín.

El novelista chino Ma Jian, autor de la novela Pekín en coma, entrevistó documentándose para uno de sus libros, a dos protagonistas de aquella tragedia. A uno de los soldados que participó en el asalto a la plaza y a una víctima de los tanques, en las calles de la ciudad. Con los elementos aportados hasta aquí por el material de TVE y el testimonio de Liu Hua, una de las víctimas que perdió un brazo en el lugar al que me he referido y que dio su testimonio a Ma Jian, se puede reconstruir un cuadro bastante aproximado de lo que ocurrió aquella mañana en las cercanías de la Opera de Pekín.

“Llegamos a la intersección (de Changan con Liubukou) —dijo Liu Hua al escritor—, sucedió ahí mismo. Un tanque irrumpió en la avenida Changan y nos lanzaron gas lacrimógeno, éramos una gran multitud. Tosíamos y nos ahogábamos. Nos arrinconaron en la acera y fui aplastado contra una reja. Una chica se arrodilló. Me aferré a la reja con una mano para no caer y con la otra le ofrecí un pañuelo y le dije que se lo pusiera como máscara. En el momento en que me incliné para dárselo, otro tanque pasó rugiendo entre nosotros a gran velocidad. Trece personas murieron aplastadas, pero yo sólo perdí un brazo”.

Comoquiera que sea, las víctimas de aquella mañana fueron heridas y muertas seis manzanas al occidente de Tiananmen. Cuántos muertos dejó aquella tragedia es aun hoy motivo de debate. Hay quien habla de miles. Diez mil, llegaron a especular los medios en aquel tiempo. A mí me parece un disparate esa cifra. Habríamos visto, quienes estuvimos en las calles de Pekín durante aquellas horas, el trasiego de cadáveres de haber sido así. Nada se sabrá mientras el gobierno chino no dé cifras oficiales y confiables. La CIA norteamericana habló de cuatrocientos muertos. Puede ser.

De por qué aquellas imágenes nunca fueron editadas explicando lo que pasó como lo he relatado hasta ahora en este blog, es algo que contaré en la próxima entrega. Última de esta serie.

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