¿Todavía te asombras?

12 de agosto del 2019

Por Armando Martí.

¿Todavía te asombras?

Foto: Cortesía Armando Martí. La fuente de la “eterna juventud” es no dejar perder la capacidad de asombro y rescatar a nuestro niño interior.

Uno de los regalos maravillosos que la vida me ha ofrecido, es la capacidad de asombrarme de las pequeñas y grandes cosas que suceden en la existencia. Desde mi infancia hasta este tiempo otoñal en que escribo estas líneas, casi nunca he perdido la curiosidad por preguntar y descubrir de que manera funcionan las cosas en este mundo.

Esto se debe, a que quizás, mi niño interior maduró prematuramente ante los conflictos de una familia disfuncional, pero a su vez paradójicamente humana y amorosa.

Hoy entiendo que mis padres se casaron muy jóvenes, y por lo tanto, no poseían herramientas para gestionar sus emociones.
Sin embargo, hicieron lo mejor que pudieron y desde su voluntad errada pero bien intencionada, lograron sacarnos adelante a mis hermanos y a mí, reforzando en nuestras mentes valores y principios, que si bien es cierto nos darían confianza para el desarrollo profesional, también nos impediría madurar y adquirir más autoestima.

Dicha situación se generó por el exceso de amor y sobreprotección con que crecimos. Para llegar a esta conclusión sanadora, recorrí un largo proceso de auto-observación, aceptación y perdón personal.

Foto: Cortesía Armando Martí.

El asombro por los misterios del mundo y la curiosidad por descubrirlos, marcaron para siempre mi mente, mis emociones y mi alma.
En cuanto a mi mente, nunca se contaminó con el miedo de inflexibles creencias, y muchos de mis amigos y compañeros de estudio, se referían a mí como un libre pensador.

Con las emociones no me fue tan bien, pues poseo un sistema nervioso muy sensible, que con tan sólo una taza de café se dispara hacia la ansiedad. Además, en alguna época de mi vida, por tratar de dar gusto a los demás para “ganar” su amor y reconocimiento, me esforzaba hasta el punto de agotarme y somatizar estos excesos, pagándolos con mi propia salud física y mental.

Afortunadamente estos factores en apariencia adversos, y que sin duda me produjeron muchos dolores insospechados y por momentos inimaginables, fueron los mejores maestros para conciliar las confusiones, desvaríos y decepciones, que me acompañaron durante la adolescencia y la adultez.

Foto: Cortesía Armando Martí.

Hoy, un poco más consciente, he podido elegir un camino simple para encontrar el tesoro de la serenidad en mi alma, descubriendo que en ese nivel no existe el tiempo ni el espacio, y que la fuente de la “eterna juventud” es no dejar perder la capacidad de asombro y rescatar a mi niño interior herido.

Sabemos que con los años, paulatinamente se desvanece la capacidad de sentir lo que nos rodea, y sin esa pasión la existencia se torna gris. Arrastramos con desánimo nuestros cuerpos, perdiendo la alegría de vivir y abriendo las puertas a una vejez prematura llena de penumbras, en donde el sentido de la vida se va esfumando.

Confiamos demasiado en la capacidad racional, opacando una zona misteriosa y por demás poderosa de nuestro cerebro llamada la intuición, un concepto de la Teoría del Conocimiento, en donde se evidencia que hay datos válidos que provienen de forma directa hacia el consciente, sin intervención de la deducción.
La intuición viene del latín “intuitio” que significa mirar hacia adentro. Cuando armonizamos estos elementos, logramos entender la realidad desde la “intuición intelectual”, es decir, que mediante conceptos y sensaciones podemos observar con más claridad y entender mejor las cosas.

Hace pocos días, conversando con Judith, una brillante neuropsicóloga con quien compartimos algunos conocimientos, quise demostrarle la importancia del equilibrio entre el hemisferio cerebral izquierdo (racional) y el hemisferio cerebral derecho (intuición y creatividad), a través de un sencillo acertijo:

“Un náufrago llega a una isla
en donde es capturado por unos nativos salvajes.
La reina de esta tribu lo amenaza de muerte advirtiéndole:
Si dice una mentira lo colgaré
del árbol de la mentira,
y si dice la verdad,
lo colgaré
del árbol de la verdad.
¿Qué debe decir el náufrago para salvarse?”

Después de casi una hora de intentar develar la respuesta correcta, Judith se rindió. Si usted, querido lector, quiere intentar descubrirla, el ejercicio le servirá para saber si su mente está bloqueada o no, por exceso de racionamiento.

(La respuesta la podrá encontrar al final del artículo, pero les sugiero tomarse un espacio de tiempo e intentar deducir la forma en la que el náufrago salvará su vida).

La magia de saber quién soy

Foto: Cortesía Armando Martí.

¿Quién soy yo? Esta asombrosa y mágica pregunta, ha sido la principal motivación para sentirme un buscador de la verdad a través de mi propia experiencia. La realidad no está afuera, está dentro, pues nosotros no pasamos por la vida, la vida pasa por nosotros y es por esto, que somos el secreto que anima todas las cosas.

Durante años fui víctima de la ambición por conquistar el mundo, así como también, esclavo de los impulsos instintivos y la negación de mi ego, al no poder reconocer mis defectos de carácter, convirtiéndome en un personaje social con innumerables máscaras para aparentar que estaba bien.

De esta manera, representaba lo que yo llamo la “Divina Comedia”, que se caracteriza por contestar automáticamente – Divinamente – a la pregunta – ¿cómo estás? –, sin ponerme en contacto con mis sentimientos y disimulando el vacío interno que me acompañó durante décadas.

Debido a la inestabilidad de mi infancia, aprendí a disimular mis emociones, lo cual tampoco me permitía confiar en nadie. El amor que tanto necesitaba, era también la fuente de mi ansiedad y angustia.

No conocía mis sentimientos, entonces creía que mi pareja era la responsable de alimentarlos, y por eso, escogía personas tan inmaduras y heridas como yo, con la ilusión de “acertar” esta vez en el amor, pero como siempre, las cosas terminaban mal.

Y no era para menos: al comienzo una desbordada ilusión con visos románticos y pasionales, pero al confesarnos mutuamente nuestros secretos, debilidades y mostrarnos de forma transparente y como somos, el resultado de este “sincericidio” era que estos datos se convertían en munición de guerra para atacarnos.

Además, escondíamos nuestro temor a la intimidad sexual y afectiva, a través de exageradas demandas de perfección, obediencia y cuidado, las cuales nos convertían en hábiles actores y fríos disimuladores, jugando a ser lo que el otro nos imponía que fuéramos. Este es uno de los mayores y más tóxicos desgastes emocionales, que puede existir en la pareja.

Después de muchas crisis y terribles amaneceres tristes, pude entender mi error que consistía básicamente en intentar cambiar la esencia de mi pareja sin haber encontrado la mía.

Foto: Cortesía Armando Martí.

Esta condición me producía un malestar generalizado, que me acompañó como mi sombra por muchos años. Además, este temor coartaba mi libertad, y agravaba el miedo a estar solo y prisionero de tantas dependencias afectivas.
En momentos de silencio y meditación, me pregunto ¿Quién soy yo? Y mi maestro interior me responde: – Esencialmente eres un buscador de la verdad con el propósito excepcional de expandir tu consciencia –.

De ahí que cada uno de tus personajes han sido inventados por ti, – continuaba explicándome el maestro –, pues interpretas la realidad de acuerdo a tus creencias inflexibles y a las experiencias traumáticas representadas por acciones de otras personas en tu contra, lo que te obliga a ser radical en muchas decisiones y evitar dar a los demás una segunda oportunidad.

Mentirte a ti mismo y no asumir tus responsabilidades, es la forma en que te concibes como una víctima ante la vida, culpabilizando a los demás de tus desgracias.

Y concluyendo este enriquecedor diálogo, mi maestro agregaba: – La vida es dinámica y cambiante, las puertas espirituales siempre están disponibles para todos, en la medida que descubras lo que viniste aprender en este plano –.

Sólo así podemos despertar, y cuando lo hagamos, este mundo temporal, físico y material, ya no servirá nuestro propósito. Al final, habremos logrado trascenderlo para ser libres de las cárceles emocionales, retornando a nuestro hogar espiritual.

Uno de mis grandes asombros fue descubrir que a pesar de todo, yo no era una equivocación de Dios y que Él me amaba tal y como era.

Desde esta simplicidad luminosa, me di cuenta de que soy algo más que la apariencia humana, y en medio de la temporalidad del cuerpo, las emociones y la mente, existe un mundo muy profundo dentro de cada uno, sostenido por la gracia de un Poder Superior, que siempre cuida de nosotros.

Pequeños asombros cotidianos

Foto: Cortesía Armando Martí.

A continuación, les quiero compartir un ejercicio cotidiano, que me ayuda a conocerme un poco más. Tengo una libreta de color azul oscuro con más de 200 páginas, en donde anoto grandes o pequeñas cosas que me han asombrado durante días, semanas, meses e incluso años.

En ocasiones, cuando me asaltan las dudas y el viento helado de los dilemas toca mi mente, releo e incluso reescribo en mi diario “asombroso” las experiencias y pensamientos. De esta forma y como por arte de magia, recupero mi disposición de resiliencia, es decir, mi capacidad de sobreponerme a las pruebas de la vida y a mi propio dolor físico y emocional.

Usted si lo desea, puede crear sus propias experiencias y sorprenderse del revelador resultado. Aquí algunos breves ejemplos basados en mis vivencias:

  • Despertar en la mañana y sentir que soy eterno, y que sólo por hoy, no le tendré miedo a la muerte.
  • Poder contemplar tranquilamente, que si vivo luego existo. Y que si llego a morir, seguiré viviendo.
  • Apagar mi celular, sostenerlo en la mano y mientras lo observo decirle: “soy yo y mi voluntad, los que le transfieren vida a esta herramienta, y no es la tecnología la que le da un sentido a mi vida”.
  • Repetir mi nombre 100 veces y descubrir que sólo soy una pequeña partícula en la existencia.
  • Asistir a espectáculos de magos y dejarme engañar con sus trucos, gozando del misterio que de ellos emana. Creer que lo imposible es posible, y soñar con que en el mundo todavía existe magia.
  • Moverme sin ningún control al compás de música africana ancestral, alegre y estruendosa. Dejarme ir al ritmo de los tambores (No más de 5 minutos).
  • Llorar emocionado en el cine, reír, asustarme e intentar descifrar la trama antes de que termine la película, es decir, vivir la experiencia fantástica inmerso en el universo del séptimo arte.
  • Tomar una taza de té caliente en pequeños sorbos, dejando que su sabor se integre a mi cuerpo, llegue a mi mente y pueda observar antiguos pensamientos o nuevos conceptos, sin ninguna prisa.
  • Cuando siento la prisa de cumplir una cita y me invade el estrés, procuro hacer una parada intempestiva, bajar a la mitad la velocidad de mi cuerpo y preguntarme: ¿Vale la pena este afán?
  • Mirar detenidamente una obra de arte y tratar sentir la inspiración del artista y la emoción que quería plasmar en el lienzo, imaginando la época en que creó su obra e incluso transportarme y ser parte de su ambiente.
  • Arreglar mi biblioteca, acariciar el lomo de los libros, oler el papel y releer las páginas, acordándome de la primera vez en que ellas dejaron volar mi imaginación y fortalecieron mis conocimientos.
  • Sentarme en un centro comercial y observar a las personas desconocidas que pasan a mi lado, intentando descubrir en sus expresiones, trajes, vestidos, actitudes y formas de caminar, sus historias de vida.

Y de este modo, procurar entender el por qué y el para qué de sus impulsos, por comprar a veces de forma compulsiva y ansiosa, ¿Será tan grande su vacío que necesitan llenarse de objetos y tantas cosas innecesarias?

  • Gozar del atardecer solo, descansando en el banco de un parque, mientras contemplo mi sombra en la medida que se oculta el sol, y dialogar con ella.

Asombrarse es aprender a vivir

Foto: Cortesía Armando Martí

Hoy descubro y me asombro, que la premisa esencial para lograr el bienestar interior, es la de cuidar amablemente de mí mismo. Vivir sin expectativas exageradas, momento a momento, gozando la alegría de ser humilde y sencillo, sabiendo que no soy perfecto y que en medio de mis errores, se gestan las mejores oportunidades para el desarrollo intelectual.

Ser auténtico es la mayor libertad, dejando de lado todas aquellas creencias y conocimientos limitantes, dándome cuenta que en realidad, la felicidad en este mundo es mucho mayor que el dolor.

Ahora sé, que la paz no tiene precio y no vale la pena cambiar esa tranquilidad tan difícil de adquirir, por buscar “anestesiar” mis conflictos egoicos y falencias personales, a través de relaciones tóxicas, sexo, adicciones y obsesiones, al igual que el poder, la fama y el fanatismo de influir para controlar la voluntad de los demás.

Es liberador entender que existe un Poder Superior que tiene mejores planes que yo, y que desde esa orilla amorosa cuida de mí, ayudándome a madurar y convirtiéndome en una persona tranquila, serena y armónica por dentro, como satisfecha y sencilla por fuera, dispuesto a servir con voluntad a los demás.

Respuesta al acertijo:

El náufrago salvó su vida, al contestarle a la reina astuta y cruel que lo iban a colgar en el árbol de la mentira, porque si lo colgaban en él, era una verdad. Y si lo colgaban en el de la verdad, era una mentira.

Por: Armando Martí

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