Alfonso Cañón Jr. murió a sus 50 años

2 de septiembre del 2019

¡Adiós ‘Cañoncito’! lo despidió el Club Independiente Santa Fe

Alfonso Cañón Jr. murió a sus 50 años

@HumoCardenal8

Exfutbolista del club Independiente Santa Fe, Alfonso Cañón Jr, murió en la madrugada de este lunes por una afección en el cerebro a sus 50 años de edad.

Escuche la historia de José Pékerman en su cumpleaños:

Luego de sufrir un accidente cerebral la semana pasada y permanecer cinco días en la Clínica Colombia ubicada en Bogotá, la familia Cañón confirmó la muerte del hijo del volante cardenal. Alfonso Jr sufrió de un desmayo en la noche del miércoles 28 de agosto, este accidente hizo que el exfutbolista sufriera de perdida de conciencia.

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‘El expreso rojo’ publicó en sus redes sociales un mensaje para despedir a su exjugador. “Adiós ‘Cañoncito’ (…) Hoy recordamos a Roberto Alfonso por los siete años en los que vistió la camiseta” afirmó la publicación.

‘Cañoncito’, era un apodo cariñoso dicho por los hinchas de Santa Fe. Comenzó su carrera en ‘El Cardenal’ en 1987 hasta el año 1994. Jugó más de 300 partidos profesionales y anotó 53 goles, 45 de estas anotaciones las realizó en 208 partidos con el Independiente Santa Fe.

En la década de su carrera como futbolista portó los uniformes de los clubes: Medellín, Bucaramanga, Cúcuta y en el Marítimo de Venezuela. Sin embargo, en su último año de futbolista (1987) hizo parte de la selección juvenil de fútbol que se coronó como campeón suramericano.

Clubes nacionales como América de Cali, Independiente Medellín y Millonarios brindaron sus condolencias a la familia Cañón y también paz en la tumba del exjugador.

En la publicación realizada en la página oficial de Santa Fe brinda la información de la velación y las exequias para todos sus seguidores.

Velación: Centro Religioso de la Policía «Cerel»
Dirección: AV. Calle 63 No. 56A-55
Fecha: Septiembre 3 de 2019
Hora: 8:00 am

Exequias: Capilla Centro Religioso de la Policía
Dirección: AV. Calle 63 No. 56A-55
Fecha: Septiembre 4 de 2019
Hora: 10:00 am

El hombre divertido, el Cañón que conocí

Por Javier Giraldo Acosta

Mi recuerdo más lejano de Roberto Alfonso Cañón Alvarado se remonta a una fría mañana de febrero en La Candelaria, en el centro de Bogotá. El profesor Adolfo Méiseles (santafereño reconocido) averiguaba en la primera clase de español del curso noveno A del Colegio Agustiniano de San Nicolás por nuestros nombres y cuando oyó el de Cañón preguntó sin vacilar qué relación tenía con “el maestrico”.

-Soy el hijo- dijo una con voz ronca.

Y en adelante, durante los tres años, fui testigo de largas tertulias en esa clase, de comentarios sobre el partido de la fecha anterior en otras asignaturas, de chascarrillos del profesor de matemáticas (acérrimo hincha azul), de historias del profesor de idiomas y de llamados a jugar representando el curso y el colegio.

Siempre lo veía sonriente. Por esa época, el merengue era el ritmo que reinaba y él llegaba a proponer coreografías tarareando el ritmo de ‘El Comején’ o de ‘El Hombre Divertido’. Siempre he pensado en él cuando vuelvo a escuchar esa canción de Wilfrido Vargas, porque lo identifiqué como el himno de Cañón.

En 1987, cuando empezábamos grado 11, no estuvo. Andaba en la Selección Colombia Sub 20 que ganó el Suramericano de Fútbol. Cuando volvió, nos encargamos de “cuidarlo” del enjambre de estudiantes de primaria que lo esperaba en la puerta de nuestro salón para pedirle un autógrafo.

Nos reíamos a su lado simulando que éramos sus escoltas. Ahí supimos qué era andar “al lado del Cañón”. Pero nos dejó porque su pase estaba valorado en una millonaria cifra y debía aprovechar. Volví a saber de él por televisión. Y años después aproveché mi trabajo para volver a hablarle y volvimos a vernos en encuentros de exalumnos ya cincuentones, calvos y barrigones.

El 28 de agosto, cuando todos los formados en casas de San Agustín recordábamos al patrono, recibimos la noticia de que “el hombre divertido” había llegado a una clínica, sin sentido. Un accidente cerebrovascular lo llevó a urgencias y de ahí a cuidados intensivos.

La gravedad de la lesión lo tuvo recluido cuatro días. Hospitalizado lo vi por última vez y casi podría decir que sonreía en su inconsciencia, con el respirador en su boca. En la madrugada de este lunes una llamada anunció que nos había dejado ese de quien siempre creí que “no sabía qué era tristeza”.
Se nos adelantó ‘Pocho’ y aunque su familia de sangre siente más dolor, su familia del fútbol, de colegio, de vida, de esos que aunaba con su sonrisa, también lamentamos no volverlo a ver y agradecemos por la luz que irradiaba al mostrarse siempre feliz.

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